Hace ya unos días que los almendros florecieron. Después llegaron los ciruelos japoneses. Y hoy, en el paseo, verdecillos, jilgueros, tarabillas y mirlos me cantaban desde la linde del camino para recordarme que la primavera ya está aquí.

Ayer tuvimos 2 grados. Esta tarde, a las seis, 25. Un salto de 23 grados en menos de 24 horas. Y la naturaleza lo nota antes que nadie, mucho antes de que miremos el termómetro.